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La autora de rEDUvolution instala la polémica en el sector educativo

¿Educación alternativa o escuela tradicional? La polémica está servida.

La propuesta de cambio progresivo del sistema educativo español hecha a ABC por María Acaso, autora de rEDUvolution, duranteuna entrevista a este medio sigue levantando ampollas.

Sus afirmaciones de que el sistema pedagógico seguido por la mayoría de centros en España «no sirve» han sido compartidas por muchísimos lectores, pero también puestas en tela de juicio por profesores como Alberto Royo, profesor de instituto, presidente de APS (Asociación de Profesores de Secundaria de Navarra) y secretario general de (Federación de Sindicatos de Profesores de Enseñanza Secundaria) SPES , para quien muchas de las propuestas de Acaso son utópicas cuando no equivocadas.

En cualquier caso, y tal y como reflexiona Luis Carbonel, presidente de (Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos) Concapa , «la escuela va por caminos que no tienen que ver mucho con lo que la sociedad necesita, por lo que es necesario una reflexión de la comunidad educativa sobre qué queremos que aprendan nuestros hijos y cómo queremos formar a nuestro profesorado si realmente queremos cambiar las cosas».

Vayamos por partes. 

  1. Rechaza María Acaso lalección tradicional, por considerar que proporciona una educación «bulímica» en la que «te atracas de información que vomitas el día del examen y a los tres segundos, cuando has salido por la puerta, has olvidado todo». En una línea parecida se expresaba estos días Alfie Kohn, uno de los más influyentes ideólogos educativos de Estados Unidos, furibundo crítico de los exámenes de toda la vida. Para Kohn, «los test estandarizados evalúan las competencias que menos importan. Estos test sirven sobre todo para hacer que las formas mediocres de instrucción parezcan exitosas».
    APSy secretario general de SPESenseñar (concepto que la Real Academia define, en primer lugar, como “instruir”) es «algo tradicional por definición». «La realidad es que muy pocos profesores llegan a clase con el objetivo de que sus alumnos se atraquen de información para vomitarla el día del examen, sino que aprendan unos conocimientos que le servirán, el día de mañana, para disponer de herramientas que les faciliten su inserción activa en la sociedad. A un profesor comprometido, como lo somos la mayoría, no le basta con que sus alumnos pasen el examen (preocupación que sí es posible achacar a nuestros dirigentes, obsesionados, no con la mejora de la formación sino con el maquillaje estadístico y la reducción del porcentaje de fracaso escolar). El profesor comprometido quiere colaborar mediante su dedicación y sus conocimientos en la formación académica y humana de sus alumnos».Pues bien, para Alberto Royo, profesor de instituto, presidente de Sugatra Mitra, o Tonucci.
  2. Los profesores, indica María Acaso,«hemos de aceptar que enseñamos unas cosas y los alumnos aprenden otras» y que «tenemos que admitir que cada uno (cada alumno) va a elaborar según su propia biografía, su creatividad, sus conocimientos...un discurso diferente». La autora de rEDUvolution se refiere aquí al realidad construída según el inconsciente de cada uno, en la línea de Elizabeth Ellsworth, Ken Robinson,
    En este sentido, el presidente de APS objeta que «un alumno ignorante, un alumno sin conocimientos, jamás podrá elaborar un discurso diferente; es más, tendrá dificultades sencillamente para elaborar un discurso. Perder de vista esta realidad es engañar al alumno», desaconseja programar por objetivos,
  3. La Sra Acaso porque no se van a cumplir y aconseja elaborar, en lugar de pequeños objetivos, grandes metas, abiertas y flexibles. «En mi opinión, en clase no es posible fijar unos objetivos muy concretos... porque en una clase ocurren cosas inesperadas. Los objetivos solo se cumplirían si solo hubiera un estudiante en el aula, y no treinta, donde cada uno destaca en una inteligencia distinta (Teoría de Howard Gardner). Además el aprendizaje, como todo proceso, es inacabado. Siempre sigues aprendiendo cosas», remarca.
    «No sé qué entiende Acaso por “grandes metas”», continua Royo, pero para él, una gran meta es «contribuir a que un alumno aprenda y se forme lo mejor posible. Y no solo eso, que termine descubriendo la pasión por aprender, por saber, que llegue a la conclusión de que la ignorancia le hará perderse experiencias que sin duda le enriquecerán como persona. Una “gran meta” es poner tu granito de arena para que un alumno cuya situación socioeconómica es desfavorecida progrese gracias a su esfuerzo y a la formación recibida. Una “gran meta” es conseguir que aquel alumno que no puede o no quiere estudiar pueda encontrar su camino a través, por ejemplo, del ejercicio de un oficio. Y que unos y otros tengan claro que una sociedad avanzada y democrática es aquella que fomenta el mérito, el esfuerzo y la solidaridad, que permite a quienes más se esfuerzan y mayor mérito demuestran (y a quienes, teniendo mayores dificultades de partida, son apoyados para no tener que salir por detrás en la línea de salida pero no para llegar a la vez a la de llegada), soñar con alcanzar sus objetivos».
  4. El profesor debe ser, nos dice Acaso, «un productor cultural, un artista. Debe saber coger conceptos y remixearlos, entendiendo como remixear el sistema de producción contemporánea. Eso no es copiar. Es relacionar. Y crear tu "playlist" de la clase».
    Para Royo, la figura que Acaso dibuja «no ayuda a la mejora de nuestra educación sino que la frivoliza y la desprestigia. Al igual que un padre no puede ser amigo de sus hijos (el Juez de menores Emilio Calatayud lo explicaba muy bien al decir que si se dedicaba a ser amigo de sus hijos los dejaba huérfanos), el profesor no ha de ser un colega, un productor cultural o un artista». «Un profesor ha de ser un profesor», remata.
    Acaso insiste en que un profesor debe crear conocimiento nuevo a partir del conocimiento de los demás. «Si solo utilizas el libro de texto estás reproduciendo, en cambio si generas o construyes unidades didácticas creativas estás creando conocimiento. A eso es a lo que me refiero».
  5. La experta en rEDUvolution acusa a los profesores de negar los intereses de los alumnos, un asunto que Kohn enuncia de la siguiente manera: «el principal criterio para definir que hacemos en las escuelas debe ser: ¿Cómo va a afectar esto al interés de los niños en la materia, y a sus ganas por aprender en general?».
    Y Royo se pregunta, «¿quién niega los intereses de los alumnos?» «Es evidente que los alumnos tienen sus propios intereses, pero una cosa es lo que a un alumno le interesa y otra, habitualmente distinta y en ocasiones coincidente, lo que debe aprender en la escuela».
    Si les interesa el fútbol, sugiere Acaso, «a lo mejor puedo incorporar este deporte como recurso para explicar las matemáticas». Según el secretario general deSPES, «vender, a estas alturas, como innovación pedagógica el empleo de ejemplos cercanos al alumno para afrontar el aprendizaje de determinados conceptos resulta sonrojante. Esto se lleva haciendo desde los griegos, si no antes, y no es necesario para ello anteponer el interés del alumno a los contenidos que este debe asimilar ni comparar el uso de un recurso tan elemental con un cambio de paradigma educativo».
  6. Para terminar, la autora de rEDUvolution aconseja crear en clase una «comunidad», en lugar del antagonismo «profesor y estudiante». En la idea de la comunidad, explica esta experta, «aparece el profesor como"coacher", como acompañante, y a la inversa. Si tú tratas al alumno más como un igual, y le das más poder, sus problemas se reducen. Esos problemas aumentan cuanto más autoritario es el sistema. Si tu a un alumno le das responsabilidad, todo mejora. Si le obligas y le das disciplina solamente, surge el miedo. Hay que recuperar los afectos en el aula, son muy importantes».

En una línea parecida se expresa Kohn, para quien en las «clases sobresalientes los profesores escuchan más que hablan». De hecho, prosigue, «los niños aprenden a tomar decisiones tomando decisiones, no siguiendo órdenes».

A este respecto el presidente de APS quiere aclarar que el antagonismo entre docente y discente «no es tal, pues no hay, a priori, rivalidad o contrariedad entre ambos. Lo que existe entre alumno y profesor es un binomio en el que ambos se encuentran estrechamente relacionados, aunque nunca en un plano de igualdad, como principales protagonistas del proceso de enseñanza, el primero, y aprendizaje, el segundo. No menos extravagante es sugerir que nuestro papel debe ser el de «coach» (ojo, «coach» el profesor para el alumno y coach el alumno para el profesor —tanto da, que da lo mismo—), mezclando responsabilidad y poder o disciplina e intimidación». Lo corrobora el presidente de laConcapa: «el profesor debe acompañar al alumno en su tarea, pero sin caer en el coleguismo con el alumno, que tiene que aprender también el concepto de autoridad, la existencia de límites y la necesidad del esfuesrzo para la superación y el desarrollo personal»

Por último, concluye el secretario general de SPES, «nadie duda, yo tampoco, de que los afectos, las emociones, la felicidad… son asuntos importantes, pero esa no es la labor del profesor. En la música barroca, el propósito del compositor (como del intérprete) era conmover (“mover los afectos del alma”, decía Caccini en 1601). Incluso es aceptable pensar, como Cicerón, que “el buen orador es el que tiene la habilidad de mover los afectos de quien lo escucha” (el delectare, docere y movere del buen discurso). Ahora bien, ni se puede pedir a un profesor (aunque, desde luego, sería utópicamente deseable) que consiga conmover a sus alumnos al transmitirle sus conocimientos (quien no quiere conmoverse, como quien no quiere aprender, no lo hará —tampoco sucedía así en la época barroca—) ni es coherente abominar de la oratoria y la clase magistral y al mismo tiempo exigir al docente que sea capaz de emocionar a sus alumnos. Porque, muchas veces, bastante tiene con que se le permita, en unas condiciones mínimamente dignas, impartir su asignatura».

«En mi opinión —concluye Acaso—, negar los afectos es negar la educación y, por ende, negar el aprendizaje. No hay más que mirar al modelo finlandés, donde el profesor "acompaña" al alumno durante tres cursos. Las personas sólo aprendems por vínculos. En cualquier caso, lo que es un hecho es que hay que cambiar el modelo de sistema educativo actual. El que tenemos hoy no es que esté mal, es que no sirve. No hay más que mirar los resultados de PISA, donde estamos a la cola edición tras edición. El sistema no funciona, si no no estaríamos hablando de esto. Lo bueno es que exista debate, sólo así podremos empezar a construir algo», concluye Acaso.Share on twitter

 

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