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Aprender jugando

Por Andrea B. Taborda, especialista en investigación educativa.

El juego resulta ser una herramienta de gran utilidad para la labor de transmisión educativa, es provechoso para el desarrollo de las potencialidades de nuestros alumnos y un recurso ineludible, en niños y adultos, para la canalización de las frustraciones.

La siguiente afirmación “El juego es una herramienta esencial a explotar en todas sus dimensiones durante el proceso enseñanza-aprendizaje, el juego asegura a cada niño la posibilidad de incorporar a si mismo elementos de la realidad”, debería enfrentar al docente con su tarea áulica y preguntarse cuanto podemos transformar nuestra actividad en favor de la conquista del saber, de la educación de nuestros alumnos.

Los docentes del nivel inicial y primario tenemos que buscar por todos los medios posibles el acercamiento del niño al juego. Es preciso poder cerciorarnos que dentro del aula se cumpla esta consigna pero para ello debemos conocer por que el juego es nuestra herramienta más eficaz para nuestra labor educativa.

Por ello realizaremos un recorrido por grandes pensadores de la psicología y la pedagogía que nos servirán para fundamentar lo expuesto. Tomaremos entonces las ideas de Sigmund Freud, Anna Freud, D. W.Winnicott, M Klein y Jean Piaget. Estos autores logran en sus ideas plasmar la función que tiene el juego en los niños, sus características, la finalidad del mismo así como la utilidad que podemos obtener en su utilización para con los niños desde lo pedagógico y lo psicológico.

S. Freud señala que el juego de los niños es elaborativo, porque de el los niños desprenden un discurso hacia el observador (interlocutor). El niño apuntala su mundo interno sobre los objetos del mundo externo, sobre cosas a las que puede manipular. En el juego el niño deposita grandes cargas de afecto. Lo opuesto al juego es la realidad. 

Anna Freud define al juego como una actividad placentera, primero en el bebé centrada en su propio cuerpo, luego al ir creciendo estará centrada en el cuerpo de la madre y más tarde hacia los juguetes (como los objetos transicionales). El juego apunta a la sublimación de las pulsiones lo que favorece la adaptación, la constitución del yo y por ende el éxito del aprendizaje escolar.

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